Reconocer no es conocer

Miradas
Una conversación sobre el mundo que compartimos.
Teresa Barragán
Hay cosas que dejamos de ver precisamente porque las vemos todos los días.
Sucede con los edificios que forman parte del camino cotidiano, con los árboles de una avenida o con el paisaje que acompaña nuestros trayectos. Están ahí, pero la costumbre termina por volverlos casi invisibles.
Algo parecido parece estar ocurriendo con los espectaculares de quienes aspiran a ocupar un cargo de elección popular.
Hace más de veintitrés siglos, Aristóteles reflexionó sobre la manera en que quienes buscaban gobernar debían persuadir a los ciudadanos. En su Retórica explicó que la credibilidad de una persona descansaba en su carácter, en la solidez de sus argumentos y en la confianza que era capaz de generar.
Más de dos mil años después, la pregunta sigue siendo sorprendentemente actual: ¿cómo llegamos a conocer a quienes aspiran a representarnos?
Desde hace meses, calles y carreteras se han llenado de nombres y rostros. Quizá aún no sea el momento de conocer propuestas de gobierno, pero sí de empezar a conocer a quienes aspiran a representarnos. Sin embargo, con frecuencia terminamos conociendo primero su fotografía.
La psicología describe un fenómeno conocido como efecto de mera exposición. En términos sencillos, explica que la repetición de un rostro, un nombre o un símbolo puede hacernos sentir mayor familiaridad hacia él, aun cuando esa repetición no nos aporte información adicional.
Tal vez por eso convenga detenernos un momento.
Reconocer un rostro no es conocer a una persona.
Quien aspira a un cargo público tiene el derecho, y también la responsabilidad, de darse a conocer. Los ciudadanos, por nuestra parte, tenemos una responsabilidad igualmente importante: conocer algo más que su nombre y su fotografía.
Porque elegir no consiste únicamente en reconocer una cara familiar. Consiste en interesarnos por la trayectoria de una persona, por la manera en que ha ejercido las responsabilidades que ya ha tenido, por su preparación, por sus decisiones y por la forma en que entiende el servicio público.
La democracia descansa sobre responsabilidades compartidas.
Quienes aspiran a gobernar deben procurar que los conozcamos.
Quienes habremos de elegirlos debemos hacer el esfuerzo de conocerlos.
Tal vez la próxima vez que pase frente a uno de esos espectaculares no vea solamente una fotografía.
Tal vez me haga una pregunta distinta.
¿Conozco realmente a esa persona… o simplemente me he acostumbrado a verla?
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