
Cuando se guardan las banderas
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MIRADAS Teresa Barragán Cuando termina septiembre se guardan las banderas. Se apagan las luces tricolores, desaparecen los adornos de las plazas y volvemos a la vida cotidiana. Quizá sea entonces cuando comienza la verdadera pregunta: ¿qué significa ser patriota cuando ya no estamos celebrando a México? Porque querer a nuestra patria es mucho más que …
Cuando se guardan las banderas

MIRADAS
Teresa Barragán
Cuando termina septiembre se guardan las banderas. Se apagan las luces tricolores, desaparecen los adornos de las plazas y volvemos a la vida cotidiana.
Quizá sea entonces cuando comienza la verdadera pregunta: ¿qué significa ser patriota cuando ya no estamos celebrando a México?
Porque querer a nuestra patria es mucho más que emocionarnos con el Himno Nacional, celebrar nuestras tradiciones o sentir orgullo por nuestra historia. El patriotismo verdadero quizá sea menos vistoso. Se manifiesta cuando no hay una fecha en el calendario que nos recuerde que somos mexicanos.
Desde pequeños aprendimos los nombres de los héroes que dieron origen a nuestra nación. Los escuchamos cada septiembre, los encontramos en nuestros libros de historia y los repetimos en las arengas del Grito. Y debemos honrarlos.
Pero la patria que hoy tenemos no terminó de construirse con ellos.
Después vinieron generaciones de mexicanos cuyos nombres quizá nunca aprendimos o ya no recordamos. Hombres y mujeres que trabajaron, lucharon, enseñaron, propusieron y participaron para ampliar nuestras libertades, nuestros derechos y nuestras oportunidades.
También ellos nos han dado patria.
Porque una patria nunca termina de construirse.
Cada generación recibe un país que otros comenzaron antes. Lo recibe con problemas pendientes y mucho por mejorar, pero también con conquistas que alguna vez parecieron imposibles y que hoy consideramos naturales.
La libertad de pensar y expresarnos. El derecho a disentir. La posibilidad de educarnos, de aspirar a una vida digna, de exigir nuestros derechos y de participar en las decisiones de nuestro país.
Nada de eso apareció espontáneamente.
Por eso amar a México también significa cuidar lo que hemos recibido.
Cuidarlo no significa aferrarnos al pasado ni negarnos al cambio. Una nación necesita transformarse, corregir sus errores y encontrar mejores caminos. Pero avanzar también exige reconocer aquello que ha costado mucho construir y no dar por sentadas libertades que otros tuvieron que conquistar.
Y quizá en estos tiempos necesitemos recordar algo todavía más sencillo: México es uno solo.
Podemos pensar distinto, votar distinto y tener ideas profundamente diferentes sobre el rumbo que debe seguir el país. Podemos coincidir con un gobierno o cuestionarlo, simpatizar con un partido o con ninguno. Nada de eso nos hace más o menos mexicanos.
Ningún gobierno es la patria. Ningún partido es México.
Los gobiernos pasan y los partidos cambian. La patria permanece.
Quienes llegan al poder reciben temporalmente la responsabilidad de gobernar un país que no les pertenece. México pertenece a sus ciudadanos: a quienes piensan como nosotros y a quienes no; a quienes estuvieron antes y a quienes vendrán después.
Tal vez ésa sea una forma más profunda de patriotismo: comprender que por encima de nuestras diferencias existe algo que compartimos y que vale la pena cuidar.
Cada septiembre recordamos los nombres de quienes iniciaron nuestra historia como nación. Quizá también debamos pensar, de vez en cuando, en todos aquellos cuyos nombres no pronunciamos: los mexicanos que, generación tras generación, defendieron una libertad, conquistaron un derecho, construyeron una institución, abrieron una escuela, trabajaron por su comunidad o simplemente cumplieron con responsabilidad la parte que les correspondía.
Ellos también nos han dado patria.
La patria se construye así, muchas veces silenciosamente.
Y ahora nos toca a nosotros.
Cuando guardemos las banderas, que no guardemos con ellas el amor por nuestra patria.
Porque México no es de un gobierno, de un partido ni de una generación.
México es de todos. Y a todos nos corresponde cuidarlo.

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